miércoles, 22 de mayo de 2013

Dos locos enamorados.

Despertarte por la luz del sol que entra por tu ventana. Estás abrazada a el, y el tiene su brazo por encima tuyo. Eres suya y nada más. Le despiertas dándole besitos por el cuello, y haciéndole tonterías. De pronto se despierta y empieza a juguetear contigo. Como si nada, de pronto está encima tuyo. Eres su presa, y no quieres huir. Vais a la cocina, en ropa interior, pero tu con su camiseta del pijama. Vas a cojer la taza de café del estante, pero de repente te coje de la cintura, te gira y te sienta sobre la encimera. Tu eres su desayuno.
Comienza a besarte el cuello, le atrapas con tus piernas, va jugando con las manos, sigue armandote hasta llegar al punto clave. Tu camiseta está en el suelo, tu sujetador en el fregadero, y vuestras partes bajas están al descubierto. La temperatura de la cocina se está caldeando. Se oye un leve gemido, que va seguido de más gemidos, cada vez más constantes, más fuertes, más intensos, hasta que al fin hay un último al que le acompaña una hiperventilacion. Él ha cumplido.
Os dirijis ambos a la ducha, decidis utilizar la misma. Seguís con la tensión y de nuevo se repite el proceso.
Os vestís con lo primero que pillais, vais a la cocina y desayunais.
Es domingo. Decidis ir a pasear por los jardines de la ciudad. Todo a vuestro alrededor os envidia. Los dos formais uno, yendo de la mano, subiendote encima de el y que él te haga reír. Comprar helados para hacer bromas y acabando comiendo el helado mientras le besas.
Comeis en un italiano, capricho tuyo.
A la tarde vais a la piscina. Rozamientos, miradas, tensión. Pero no ocurre nada.
Volvéis a casa, y cenais.
Hacéis una carrera a ver quien llega antes a la habitación. Llegas tu, el se tira encima, comienza a quitarte la ropa, a besarte. Se para y abre el cajón de la mesilla. Se lo pone (obvio). Te dejas hacer, eres suya de nuevo. Ese cuarto arde, la tensión está en el ambiente. Tus suspiros no puedes disimularlos, le quieres, no te avergüenzas de nada. No temes a nada en ese momento, el momento culminante. Vuestros gemidos son constantes. Parais, os relajais. Os miráis y sonreis levemente.
¿Qué sois?
Dos locos enamorados.

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